Dra. Mariel Szapiel : Especializada en Cambiar Vidas

Esta médica hizo historia, al convertirse en la segunda mujer de su institución en acceder a una residencia en neurocirugía y la primera puertorriqueña aceptada en un programa estadounidense de esta especialidad.

 

Conversar con la Dra. Mariel es descubrir una pasión que se siente en cada palabra. Su forma de explicar la neurocirugía funcional, la rama a la que se dedica, es tan cercana que logra hacer sencillo lo complejo. Esta especialidad aborda procedimientos quirúrgicos avanzados para tratar enfermedades como el párkinson, la epilepsia, las distonías y otros trastornos del movimiento. Se trata de una opción para pacientes en los que los tratamientos tradicionales, como los fármacos o las terapias, no han logrado el resultado esperado.

La neuroestimulación abarca una variedad de procedimientos neuroquirúrgicos en los que se implanta un marcapasos neuronal. Este dispositivo envía impulsos eléctricos a áreas específicas del cerebro, ayudando a tratar diversas afecciones.

“Siempre me llamó la atención esta especialidad porque cambia vidas de una manera increíble. Atendemos a pacientes con temblores severos que, por vergüenza, dejan de salir de casa. Muchos ni siquiera pueden sostener un vaso. A veces subestimamos el impacto de estos problemas, pero la realidad es que muchas personas terminan aisladas. Luego de la cirugía, son otras personas. Los ves caminar, moverse con normalidad y nunca imaginarías que llevan un dispositivo en su cabeza”, explica la Dra. Mariel.

Tras una destacada trayectoria en varios hospitales, recibió una llamada de Orlando Health para liderar la creación del programa de Epilepsia y Cirugía de Movimiento, una oportunidad que considera una verdadera bendición, al mejorar la calidad de vida de cientos de pacientes. Hace seis meses, dio un paso más en su carrera y abrió su propio consultorio en Kissimmee, donde atiende a una creciente comunidad de hispanos.

 

¿Quién es la mujer detrás de la bata blanca?

Soy la mayor de tres hermanas y, desde pequeña, la ciencia me fascinaba. Cuando ingresé a la universidad, pensaba dedicarme a la investigación, pero pronto descubrí que lo mío no era estar encerrada en un laboratorio hablando solo con má-quinas. Me encantaba interactuar con las personas, escuchar sus historias y ser parte de su bienestar. Fue entonces cuando supe que la medicina era mi camino.

El destino también tenía reservado un hermoso giro en mi vida personal. En mi segundo año de residencia, me casé con mi “novio de los ojos verdes”, un polaco al que conocí en el Viejo San Juan. Yo me convertí en su guía turística. Él vivía en Nueva York, pero cuando le conté que me mudaría a Ohio para seguir mis estudios, decidió irse conmigo. Juntos construimos nuestra historia y hoy somos padres de tres maravillosas hijas, de once, siete y cinco años, que llegaron a nuestras vidas después de terminar mi residencia.

 

¿Qué es lo más dificil de esta especialidad?

Atender a pacientes con traumatismos graves que llegan a la sala de emergencias tras un accidente de auto o enfrentar casos oncológicos en fase terminal. Sin duda, son momentos duros. Sin embargo, también es un privilegio poder brindarles una mejor calidad de vida en el tiempo que les queda. Al final, todos nacemos y, en algún momento, todos partimos.

 

¿Qué es lo más satisfactorio?

Ver la transformación en mis pacientes. Muchos han vivido con epilepsia por más de 20 años, sufriendo convulsiones constantes sin encontrar alivio en ningún tratamiento. Antes de la cirugía, no podían trabajar, su vida social era limitada y dependían de un cóctel de medicamentos. Operarlos es darles una nueva oportunidad. Es sorprendente lo común que es esta enfermedad y lo poco que se habla de sus soluciones.

 

¿Cómo divide su tiempo entre ser mamá y profesional?

Es un verdadero trabajo en equipo. Mi mamá vive con nosotros y mi esposo es increíble. Además, contamos con dos niñeras que nos ayudan a man-tener el equilibrio en casa. Todos aportamos, nos apoyamos y hacemos que las cosas funcionen.

 

¿Qué la llevó a abrir su propio consultorio?

Decidí abrir mi propio consultorio porque me brinda más flexibilidad para colaborar con otras instituciones y, al mismo tiempo, tener mayor control sobre mi tiempo. Actualmente, sigo trabajando en Orlando Health Hospital y, además, en el hospital UCF Lake Nona Hospital, donde contamos con una innovadora tecnologia de ultrasonido focalizado. Esta máquina permite tratar a pacientes con temblores sin necesidad de cirugia. Simplemente los colocamos dentro del equipo y, a través de ondas de sonido, logramos mejorar su condición.

 

¿Qué la relaja?

Disfruto estar con mi familia y tocar el piano. Es un hobby que me ha acompañado toda la vida, mi espacio de aprendizaje continuo. Me relaja tanto que sigo tomando clases, y mis hijas también. En casa, siempre hay alguien tocando, lo que crea un ambiente muy especial.