Durante décadas, el infarto y la insuficiencia cardíaca se han contado como una historia “de hombres”: dolor opresivo en el pecho, irradiación al brazo izquierdo, sudor frío y dificultad para respirar. Sin embargo, en las mujeres la enfermedad cardiovascular suele manifestarse de formas menos evidentes, lo que explica por qué con frecuencia el diagnóstico y el tratamiento llegan más tarde.
La magnitud del problema es contundente: las enfermedades cardiovasculares constituyen la principal causa de muerte en mujeres a nivel mundial y se estima que representan cerca del 35 % de los fallecimientos femeninos.
Cómo se manifiesta en mujeres
La enfermedad coronaria femenina puede pasar desapercibida porque sus síntomas suelen ser menos específicos que los descritos tradicionalmente. Fatiga inusual, mareo, náuseas, malestar abdominal, presión en la espalda o sensación predominante de falta de aire pueden ser señales de alerta. Además, las mujeres presentan con mayor frecuencia cuadros como el infarto con arterias coronarias no obstructivas y la disección coronaria espontánea, condiciones que no siguen el patrón clásico y requieren una valoración clínica más cuidadosa.
En cuanto a la insuficiencia cardíaca, la causa más frecuente en mujeres es la hipertensión arterial, mientras que en hombres predomina la cardiopatía isquémica. En ellas, la enfermedad suele aparecer de manera más gradual, con disnea progresiva, intolerancia al esfuerzo y cansancio persistente.
Por qué el diagnóstico puede retrasarse
Precisamente porque los síntomas pueden ser atípicos, muchas mujeres no los reconocen como señales cardíacas y retrasan la consulta médica. Incluso para el personal sanitario, distinguir entre molestias digestivas, musculares o cardiovasculares puede ser complejo. Aunque no existe una regla absoluta para diferenciar un origen cardíaco de otro tipo, hay pistas orientadoras: las molestias que aparecen con el esfuerzo físico y mejoran al detenerse — especialmente si se acompañan de opresión torácica, sudoración, palpitaciones o sensación
de desmayo— aumentan la sospecha de causa cardiovascular. En contraste, síntomas relacionados con la digestión pueden sugerir reflujo o dispepsia; aun así, en mujeres es importante recordar que un evento coronario también puede presentarse como una aparente “indigestión”.
Factores de riesgo que impactan más en ellas
Los factores clásicos siguen siendo determinantes: hipertensión, diabetes, dislipidemia, tabaquismo, obesidad y sedentarismo. Sin embargo, en mujeres el impacto de algunos es mayor. El tabaquismo, por ejemplo, se asocia con un 25% más de riesgo de enfermedad coronaria en comparación con los hombres, y la diabetes incrementa de forma especialmente significativa el riesgo cardiovascular femenino.
Además, existen antecedentes clínicos propios de la historia reproductiva que deben considerarse con igual relevancia que el colesterol elevado: trastornos hipertensivos del embarazo (como preeclampsia o eclampsia), diabetes gestacional, parto pretérmino, síndrome de ovario poliquístico y menopausia precoz, todos asociados a mayor riesgo cardiovascular a largo plazo.
Cómo se confirma el diagnóstico
Cuando una mujer consulta por dolor torácico o dificultad respiratoria, las guías del Colegio Americano de Cardiología recomiendan una evaluación estructurada basada en el riesgo individual. Según el perfil clínico, pueden indicarse pruebas no invasivas —analíticas o estudios de imagen— para estratificar el riesgo, o pruebas invasivas como el cateterismo cardíaco.
Si existe sospecha de insuficiencia cardíaca, el estudio suele incluir análisis de sangre, radiografía de tórax y, especialmente, un ecocardiograma, que permite valorar la función y la estructura del corazón.
Prevención y señales de urgencia
El tratamiento cardiovascular no se limita al hospital: también se construye en la vida cotidiana. Controlar la presión arterial, realizar ejercicio con regularidad, seguir una alimentación equilibrada de estilo mediterráneo, dormir bien, moderar el consumo de alcohol y evitar el tabaco son medidas con impacto comprobado.
También influyen factores menos visibles —como el estrés crónico, la sobrecarga de cuidados, la violencia de género o la salud mental— que pueden aumentar el riesgo cardiovascular y retrasar la búsqueda de ayuda.
Hay síntomas que nunca deben ignorarse: falta de aire repentina, opresión en el pecho, dolor que se irradia, sudor frío, desmayo o fatiga súbita e intensa sin causa aparente, especialmente si se acompañan de náuseas o mareo, requieren atención urgente. Asimismo, la hinchazón progresiva, la dificultad para respirar al acostarse o la disminución marcada de la tolerancia al esfuerzo pueden indicar insuficiencia cardíaca y deben evaluarse sin demora.
Por Alexander Kong Ibáñez, MD
Cardiólogo
Orlando Health Heart & Vascular Institute