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La Academia Americana de Pediatría y los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades están preocupados por el uso frecuente e inadecuado que se le ha dado a los antibióticos.

Muchos padres equivocadamente piensan que para tratar cualquier resfriado, dolor de garganta o infección causada por virus, lo normal es que el médico recete antibióticos. Para entender cómo funcionan los antibióticos, es importante saber que hay dos tipos principales de microorganismos que pueden causar enfermedades: las bacterias y los virus. Aunque ciertas bacterias y virus pueden causar enfermedades con síntomas similares, la manera en que estos dos tipos de microorganismos se multiplican y transmiten la enfermedad es muy diferente. Cuando se abusa de los antibióticos, se corre el riesgo de que la bacteria cree resistencia al antibiótico. Este es el problema que estamos enfrentando ahora.

Es importante que los padres sepan que los antibióticos se utilizan para tratar algunas infecciones de oído, sinusitis, tonsilitis o infección de garganta o amígdalas, pulmonía bacteriana, infecciones de orina o infecciones en la piel, por mencionar algunas. La gripe o el catarro común, bronquitis, bronquiolitis y la gastroenteritis son, en su mayoría, causados por virus, que no responden a los antibióticos. Hay ciertos tipos de infecciones como la influenza que se tratan con antivirales. Mientras que otras infecciones causadas por hongos se tratan con antifungales.

El tratamiento con antibióticos dependerá del historial de la enfermedad, el tiempo que el niño lleva con los síntomas, la severidad de éstos y los resultados del examen físico. Recuerde, los antibióticos no son un remedio universal. Por eso, es importante que tanto médicos como padres, sepan cuándo y cómo hacer buen uso de ellos. También es muy importante que los padres les suministren a sus niños los antibióticos del modo prescrito, que nunca guarden los antibióticos que sobren y que nunca utilicen los antibióticos recetados a otra persona. No seguir las instrucciones del médico puede hacer que la infección regrese o que aumente el riesgo de resistencia de la bacteria.   

 

Por Denise Serafín, MD