Por William Mayoral, MD
Center of Digestive Health
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Un pólipo, es una protuberancia que se desarrolla por encima de la mucosa normal del colon. La mayoría no producen síntomas hasta que crece lo suficiente, se ulcera, sangra, genera sensación de urgencia en el recto o una obstrucción intestinal (en caso de ser muy grave).

Existen varios tipos: inflamatorios (sin ningún potencial de cáncer), hamartomatosos, serrados de variable potencial maligno, sésiles serrados (precursores de cáncer) y pólipos adenomatosos (tubulares, vellosos y túbolovellosos).

El manejo de los diferentes tipos de pólipos, depende de la histología, por lo que es muy importante obtener tejido para que el médico patólogo realice un diagnóstico. La resección completa del pólipo durante la colonoscopia o la cirugía, permite determinar si es maligno o no; si compromete las arterias, los vasos cercanos o el drenaje venoso y linfático; y si invade la capa muscular o la pared del colon.

Así mismo, el número de pólipos, el tamaño y la histologia determinarán cuando debe realizarse el próximo estudio de seguimiento radiológico o repetir la colonoscopia.

Cada año, se diagnostican 145,000 casos nuevos de cáncer de colon en los Estados Unidos, de los cuales, 51,000 morirán ese mismo año. Estos números son muy alarmantes si recordamos que el cáncer de colon se origina, en la inmensa mayoría a partir de pólipos, que pueden ser detectados y removidos durante una colonoscopia.

La Sociedad Americana de Cáncer, propone que la edad en la cual se deben iniciar las colonoscopias para la detección de pólipos y prevención del cáncer, disminuya de 50 a 45, dada la alta incidencia y mortalidad de la enfermedad.