Atención a las emergencias pediátricas

Cuando un niño sufre una caída, no para de llorar, o parece arder en fiebre, los padres se encuentran en un dilema: será necesario salir corriendo a una sala de emergencias? Sería mejor esperar, observar, o tratar medicamentos “over the counter”? Consultar al pediatra por teléfono? Y para añadir otro nivel de preocupación, arriesgarse a ir a sala de emergencias con la situación actual de COVID-19?

Lo importante es identificar qué situaciones podrían considerarse una emergencia y cuáles no. Los padres no están solos para tomar esta decisión, para eso está su pediatra, al que puede llamar aún fuera de horas de oficina para orientarle. Hay situaciones que obviamente no necesitan una llamada al pediatra, si hay pérdida de conocimiento, ahogamiento, convulsiones, dificultad respiratoria, entre otras, donde la gravedad conlleva a llamar al 911. Muchos de los eventos más comunes que causan ansiedad en los padres como traumas por caídas, dificultad respiratoria, y fiebre, podrían representar una emergencia dependiendo de la severidad, duración de síntomas, y edad del niño, entre otras.

Fiebre

Una temperatura de 38oC ó 100.4F o más, en infantes menores de 28 días de nacido representa una emergencia, ya que pueden tener una infección oculta, como meningitis, sepsis (bacteria en la sangre), pulmonía o infección de orina. Debe comunicarse con su pediatra de inmediato, no importa la hora, para evaluar al infante.

Por lo general, la fiebre es una señal que el cuerpo está luchando contra una infección, ya sea viral o bacterial o un proceso inflamatorio. Los padres podrían optar por medicamentos para niños como ibuprofeno o acetaminofeno. La dosis dependerá del peso y la edad. Los padres deben verificar el rótulo del empaque o preguntarle al médico sobre la dosis adecuada. Esto podría ayudar a mantener al niño más cómodo y la fiebre baja hasta que el pediatra pueda examinar al niño.

La fiebre acompañada de otros síntomas, como congestión y descarga nasal, estornudos, dolor de garganta, y tos, pueden indicar un proceso viral benigno, que se puede observar desde su casa siempre y cuando la fiebre no se extienda más de tres días y no haya indicación de dificultad respiratoria, el niño esté bien hidratado y no esté letárgico.

En estos tiempos de COVID-19, fiebre puede ser el primer síntoma de COVID-19 en niños, acompañados de otros síntomas comunes como tos, congestión nasal, dolor en cuerpo,dolor abdominal, vómitos y diarrea. Por lo general, los niños presentan un cuadro menos grave que los adultos con COVID-19. Es importante saber si el niño ha tenido contacto directo con alguien con COVID-19 para considerar el diagnóstico. Niños con condiciones crónicas están más propensos a presentar un cuadro más severo. Algunas de estas condiciones son: asma no bien controlada, enfermedades o medicamentos que suprimen el sistema inmunológico,

diabetes, condiciones congénitas cardiacas, condiciones genéticas o metabólicas, y condiciones neurológicas debilitantes, entre otras. Se ha visto un síndrome asociado al COVID-19 en niños, su incidencia es muy baja pero puede ser severa. Se conoce como “Multisystem inflammatory syndrome in children” (MIS-C), el cuadro tiene otros síntomas como hinchazón en las extremidades, rash, cambios en los labios y ojos rojos, dolor de pecho, dificultad respiratoria, y cansancio extremo/letargia.

En tiempos de influenza, se recomienda ver a su pediatra antes que se completen 48 horas de síntomas, ya que hay beneficios en cierto pacientes de tratar con antivirales si ha transcurrido menos de 2 días de síntomas.

Trauma a la cabeza/dolor de cabeza

Trauma en la cabeza, en especial en niños menores de dos años, deben ser atendidos rápidamente. Algunos factores a considerarse para asesorar la urgencia: si el trauma es por una caída, dependiendo de la altura que haya caído, la naturaleza del trauma, y cómo está actuando el niño luego del incidente, si ha habido pérdida de conciencia, dolor extremo de cabeza, evidencia de hematoma en el cráneo, vómitos, alteración del estado mental, entre los factores más importantes. En una caída o un golpe contundente que impacte la cabeza, el niño podría experimentar una presión intracranial elevada desde leve hasta severa, una hemorragia, mareo, vómitos, pérdida de conocimiento, entre otros síntomas. En el caso de un joven atleta, si ha recibido un golpe a la cabeza durante su deporte que cualifique como “concussion” con cambios neurológicos persistentes y que empeoren rápidamente se puede considerar como una urgencia.

Diarreas y vómitos

En casos en que el niño presente síntomas de deshidratación, los padres deben considerar acudir de inmediato al consultorio del pediatra o sala de emergencia. Si la diarrea está acompañada por vómitos, el niño puede deshidratarse mucho más rápido. Los pediatras no aconsejan el uso de antidiarreicos, ya que el cuerpo necesita eliminar lo que está causando la diarrea. Es muy importante ofrecer “oral rehydration solutions” tales como “Pedialyte” en pequeñas cantidades frecuentemente. Hay que observar si el niño no está orinando o si tiene reseca la boca y los labios, y si está letárgico, estos son signos de deshidratación que requieren atención inmediata.

Asma

Los niños asmáticos pueden sufrir de frecuentes episodios que incluyen tos persistente, respiración acelerada, ruidosa y con dificultad, y en casos extremos, color azuloso de labios a causa de problemas de oxigenación en la sangre, entre otros. Si no ha respondido a sus tratamientos usuales como Albuterol inhalado o nebulizado, consulte con su pediatra para

determinar si es necesario una evaluación en sala de emergencia, o llamar al 911 en casos extremos.

Golpes y Cortaduras

Lo más común es que los niños se raspen las rodillas, brazos y hasta la cara. Es necesario desinfectar el área afectada con agua y jabón, aplicar una pomada antibiótica y luego cubrir la herida o cortadura con una gasa estéril. En los casos en que las cortaduras sean profundas, de dos centímetros o más de espesor sería conveniente que sea tratada por un médico. Cuando se trata de golpes, hay que prestar atención si el niño se queja de un intenso dolor que casi lo paralice, si hay deformidad o si se presenta con inflamación. Esto podría tratarse de una fractura que requiera ir a urgencias médicas.

 
Por Dra Denise Serafin 
Pediatra